EDITORIAL

La seguridad es un asunto de defensa personal. Nos habitan las ciudadanías del miedo. Hasta finales del siglo XX, la seguridad era un asunto público y estábamos en las ciudadanías de la esperanza. Pero medios, capitalismo y gobiernos mediante, en el 2024: TODO ES DEFENSA PERSONAl. Nadie se hace responsable. Informar libremente era la señal de que la democracia funcionaba. Informar, ahora, es señal de que estás en peligro si no estás con la voz del amo. Raro este mundo donde los gobiernos, los empresarios y los dueños de la tecnología deciden que todo es guerra: sobre todo el pensar libremente y con su propia cabeza y poniendo el cuerpo. Así hemos llegado a la militarización de la vida cotidiana, de las relaciones amorosas y del hablar libremente. Y todo en nombre de “la democracia”, esa de los votos, las encuestas y los poderosos. Todo peor si eres periodista o líder social o defensor de derechos humanos, o mujer, o gay, o migrante. Si no te callas, no respondemos. Si hablas lo que sea que decimos, sí…

La libertad de expresión es libertad de decir. Hasta hace muy poco los periodistas teníamos garantías para informar. Éramos unos privilegiados. La sociedad había decidido que servíamos para la democracia y la vida en público. En el siglo XXI nos convertimos en el enemigo. Y todo por ejercer la libertad de expresión. Ahora, somos a quiénes vale la pena odiar. Todos hemos devenido practicantes de religiones, fakes, creencias propias. Creer según el amo. El resultado: nadie quiere informarse porque para qué si el algoritmo nos confirma nuestras creencias o militancias, odios, activismos. Estamos medievales, premodernos, anacrónicos, cada uno en su fe, pero cool, digitales y conectados. Raro todo.

La verdad es que la estamos pasando mal: no hay medios, no nos creen, no hay empleo, pagan mal.

Entonces, ¿por qué siguen tratando de joder periodistas, matar periodistas, censurar el periodismo? Tal vez, a los poderes les recordamos que la libertad de expresión existe y define democracias. O tal vez, somos los pendejos más útiles que seguimos tomándonos en serio y críticamente a los poderes, a la sociedad, a la democracia.

En todo caso, si un periodista vive e informa desde México y no es Amlocista o anti-Amlo, o en Guatemala y Honduras y no es narcorrupto, o en El Salvador y no es nayiber, o en Nicaragua y no obedece a la señora y el señor, o en Venezuela y no hace parte de la farsa madurista, o en Colombia y no es parte de la batalla por el relato u obedece a corruptos… Ud. está en serios problemas de informar, de ejercer la libertad de expresión y de mantenerse con vida. Ser periodista se ha convertido en un asunto de seguridad personal, no pública.

En este especial a partir de relatos “periodísticos” basados en realidades concretas de estos 7 países queremos que conozcamos como la libertad de expresión es un asunto de (in)seguridad  y democracia en América Latina. Hecho entre el 2023 y el 2024. Historias de testimonio de un momento muy precario de nuestra democracia.  Un testimonio sobre cómo la estamos pasando mal los periodistas en la región. Y no somos los únicos, sino todos los que ejercen la libertad de expresión: mujeres, líderes, gays, defensores de derechos, intelectuales, ciudadanos. Ahora, si lee lo que viene, se dará cuenta que los periodistas hacemos lo que nos gusta y eso nos emociona, y la tenemos difícil, pero luchamos por seguir haciendo historias que levanten la democracia y energicen a la sociedad.



Los gobernantes periodistas

La seguridad de los periodistas se encuentra en peligro porque para los gobernantes no es que ni hagan nada, es que los periodistas mienten. Gobernar es comunicar, más que hacer. La realidad no importa, solo el mensaje.

El presidente Petro en Colombia lo puso muy claro. En el 2022, en la entrega de los premios Simón Bolívar dijo: “El periodista y el político están en un mismo escenario. Esa capacidad de comunicar de una manera mayor dentro de la sociedad genera una tensión permanente, una tensión que siempre existirá mientras exista el oficio del periodista y del político profesional. (…) nos va a enfrentar, nos va a encontrar, siempre estaremos juntos, siempre estaremos enfrentados”. El 9 de febrero 2023, día del periodista, repitió que “el periodismo y la política se unen y se enfrentan”.

Esta nueva visión del periodismo que practica Petro es la misma de Andrés Manuel López Obrador, Bukele, Maduro, narcorruptos de Guatemala, Honduras y Nicaragua… y fue la de Uribe, Chávez, Correa, Evo, Cristina, Trump, Bolsonaro… ¿Qué significa que estos gobernantes decidieron hacerse periodistas e influencers?

Significa que hay un nuevo pacto democrático entre políticos y periodistas. Los gobernantes rompieron el pacto de verdad al informar ya que buscan “imponer” el relato. En este escenario, los periodistas ya no podemos creer que nos dicen la verdad, sino asumir que el periodismo y los medios son “la cancha” de una batalla cultural por el relato de hegemonía política. Y por eso peligramos, por intentar hacer información con base en hechos.

Ante este escenario los periodistas hemos caído en la trampa ya que dejamos de presentar hechos y estamos tuitiando como influencers para entrar en la lucha política con base en nuestras ideologías, odios y emociones. En modo autocrítico, tal vez hemos dejado de ejercer la libertad de expresión de modo responsable.  Los periodistas no deberíamos caer en la trampa de “entrarle” a la batalla de opiniones al gobernante. Recordar que nuestro valor de lucha no es el trinar, sino la reportería. Informar (no opinar por opinar) basados en hechos, diversidad de fuentes, contextualizando y generando criterios de comprensión. Obvio, esto es lo que no le gusta a los poderosos.  

La inseguridad democrática: La desinformación

Si estamos en mundo de creyentes y militantes, la desinformación (o sea, el mal periodismo) se ha convertido en un arma de guerra. Se dice que todo periodismo es “fakenews”, “posverdad”, “hechos alternativos”. Triunfa la mentira o el metaverso. Informar con datos, fuentes, documentos, contexto y criterio se convierte entonces en un acto peligroso.

La desinformación alude a la información deliberadamente distorsionada presentada como si fuera real y verdadera que se diseña para manipular las creencias, emociones y opiniones de la gente. Las fakenews o noticias engañosas son creadas para desinformar premeditadamente a los ciudadanos. Y la posverdad es la producción de una “realidad alternativa” a los datos científicos y comprobables basada en las creencias y emociones de quien las enuncia.

La idea de estas fábricas de la desinformación es producir miedo y movilizar desde los odios para hacer daño a alguien.  Odio al periodista, peligro para el mensajero. Todo para producir miedo y censura. Los políticos llaman al “desinformar” disputa de narrativas y batalla cultural por el relato. Esta práctica es promovida por políticos de derecha e izquierda, por gobiernos, corruptos, violentos y por abogadillos fanáticos.

En una reunión de periodistas en Noruega se preguntaron: “¿Quién debería asumir la mayor parte de la culpa de la crisis de desinformación que enfrenta el mundo?”. Y ofrecen las siguientes opciones: a) los creadores de noticias falsas y bodegas en redes sociales; b) las fuerzas políticas que financian operaciones de noticias falsas; c) los gobiernos encargados de formular políticas de regulación de internet; d) las plataformas tecnológicas dueñas de las redes sociales; e) los medios de comunicación tradicionales; y, finalmente) f) el público en general.

Ninguno de los mencionados es o son “los culpables” ya que están felices haciéndolo: pecan con emoción. Todos quieren desinformar. Los creadores gozan haciéndolo, tienen empleo, les pagan bien y les da lo mismo quien sea quien les compre el producto; los políticos cínicamente viven de eso de las noticias falsas; los gobiernos solo mandan que se “enuncie solo su verdad”; las plataformas tecnológicas hacen el gran negocio con la desinformación; los medios de comunicación juegan a su amo; y a la gente le tiene sin cuidado.

Entonces, ¿no hay culpables? Pues tal vez no. Porque a nadie le interesa eso de la transparencia, ni la diversidad de ideas, ni la pluralidad de informaciones. 

La desinformación se da porque un periodista dejó de hacer su oficio. La desinformación es la plaga que habita el internet, pero se vuelve “news” (noticia) cuando los medios la publican sin evaluar la veracidad con base en reportería de fuentes, documentos, datos y ofrecer contextos. Por eso Trump, Uribe, Petro, Bukele tuitean para los periodistas, para que ellos publiquen sin verificar verdad.

Y por “culpa” de la desinformación, la gente ya no cree en los periodistas ni en los medios. Los periodistas corren peligro.  Tal vez deberíamos alejarnos de lo que quieren los poderosos, y ganar “la seguridad” y “la libertad” de los ciudadanos y sus necesidades: el hambre, la educación pública, el medio ambiente, la salud… Deberíamos militar contra el acoso sexual, el machismo, la violencia contra la mujer, por ejemplo. Los feminismos y el medio ambiente no son especiales de un día, sino los focos para hablar de economía, cultura, justicia, sociedad.

 

La era del hate

La inseguridad del periodista llega cuando se lleva a los fieles a odiar y hacer daño. El tirar hate expresa la lucha por la visibilidad, la viralidad, la celebridad y el discurso único.

Si las redes odian, quien odia se hace viral y se convierte en noticia (mediática). Los periodistas que odian ganan el clic y son la noticia (no lo que informan, sino ellos mismos). Los influencers buscan el odio para existir, lo provocan y eso los convierte en tendencia (y los medios los entrevistan y comentan). Los políticos que odien más, son la noticia.

Si siempre hemos odiado, ¿qué hay de nuevo detrás de este tirando hate? Que el odio es más fácil en lo digital, en el esconderse detrás de una pantalla; que el odio ahora no solo busca ser tendencia sino hacer DAÑO; que el odiar se ha convertido en un estilo cool de vida.

¿Cómo somos en el tirar hate? Valientes cobardes que se protegen detrás de la pantalla.

El tirar hate se hace en caliente, sin argumento y para estar en tendencia: queremos ser celebridad a las que sea. Buscamos justicia vengativa, castigo público. Termina en la cancelación como expresión de superioridad moral y prepotencia.

Esta acción de odiar es la expresión del extremismo cínico e ignorante para llamar la atención y expresar clasismo/arribismo/racismo/machismo/homofobia; provocar y polemizar con cosas pequeñas para ganar viralidad.

Lo alucinante es que los que más odian se convierten en fans de quién o de lo que odian, es casi un trabajo: los siguen, los buscan, se enteran de todo… y solo para odiarlos. Raro este fanatismo fundamentalista en la destrucción del otro.

Los jóvenes dicen que el tirar hate es entretenido porque es el chisme que construye historias, emociona, genera conversación y comunidad

¿Qué dice de nuestra sociedad este tirar hate? Nos dice que nuestra personalidad se puede conocer por lo que odias, se odia lo que somos, el hate es el espejo de lo que somos. Por eso, dime que odias y te diré quién eres. Y si odias a los periodistas, es que mientes.

Documenta que odiamos lo que nos reta y devela quiénes somos: gobernantes corruptos, dictadores, cínicos. Lo común a nuestros políticos del odio es que odian con rabia lo que les reta democráticamente en el siglo XXI: el feminismo, la diversidad sexual, la raza, la clase.  

¿Qué hacer? Activar con humor, por la convivencia con respeto. Seguir a Francia Márquez, el sujeto que provoca más odio en Colombia por ser afro, quien ha evidenciado nuestro racismo: “el racismo no solo hiere, sino también mata. El racismo no solo nos daña a nosotros, sino daña a quien lo expresa porque no se permite construir desde el amor y la diferencia”. Y le dice a los odiadores, “les mando un abrazo ancestral para que se sane y construyamos desde la diferencia”. Los periodistas debemos aprender a informar y no caer en los odios.

Tan bonita que es la libertad de expresión

Antes de estos políticos y corruptos que atentan contra el periodismo, contra la desinformación y que apelan al odio, está el periodismo. Por eso es que la libertad de expresión es tan poderosa y libre que la odian y persiguen los gobiernos de pelea (Petro en Colombia), los superhéroes dictadores (Bukele en el El Salvador), los trogloditas del odio (Bolsonaro en Brasil), los esperpentos autoritarios (Ortega en Nicaragua y Maduro en Venezuela), los yopitalistas (Trump), los demagogos del pueblo (López Obrador en Méxco)…

Queda claro que si de izquierda y derecha, católicos y ateos, autoritarios e inútiles, dictadores y putines atacan a la libertad de expresión es porque esta es muy grande, poderosa, democrática y revolucionaria. Y que definitivamente a mayor libertad de expresión, mejor democracia.

La libertad de expresión es tan bonita que defiende hasta el mal periodismo, el periodismo mascota, el del clic, el sensacionalista, el militante, el oenegero, el militarista. Lo que no defiende es el fomento del odio político, racista, machista, homofóbico; ni el matoneo entre periodistas; menos la persecución judicial, el trolleo y persecución gubernamental.

Según la Fundación para Libertad de Prensa (FLIP) de Colombia, “el 2021 marcó un punto de inflexión para el periodismo en Colombia” porque “no existen garantías para cubrir las manifestaciones sociales”, el Ministerio de Defensa instaló “una política de ciberpatrullaje”,  la amenaza al ejercicio es lo común, la judicialización aumenta por parte de los corruptos y políticos, los medios de referencia son manipulados por los gobiernos y la pauta publicitaria, el periodismo regional vive amenazado y poniendo muertes… Por eso, hacer periodismo en Colombia es un asunto de alto riesgo. Bueno, es lo mismo y peor arribita en Venezuela y Nicaragua y El Salvador y Honduras y México y… “mal de muchos consuelos de tontos”, dicen por mi pueblo.

Todo esto es gravísimo, pero aún es más inaudito que los agresores, ahora, sean los mismos periodistas. La moda es descalificarse entre periodistas. Y todo para decir: yo soy mejor que Ud. Los periodistas se están convirtiendo en barras bravas que quieren quemar el periodismo del otro con base en sus egos, intereses comerciales y amos políticos. 

Este matoneo entre periodistas está haciendo daño a la credibilidad y legitimidad del periodismo y a la libertad de expresión. Lo peor es que lo hacen para servir a sus amos de poder económico y político y a sus egos de salón de belleza. Señores periodistas, ¡auto-crítica y respeto a las diferentes formas de hacer el periodismo!, por favor.

El periodismo de calidad se defiende solo. Y se defiende demostrando que la información tiene fuentes diversas, que se informa basado en hechos, datos y documentos, que se significa en contexto y se ofrece criterios para que el ciudadano haga sentido de lo público. Luego, si un periodista no cumple con esos mínimos, pues hace un periodismo pobre.

La libertad de prensa es más grande que nuestros egos y miserias y por eso seguirá siendo el valor más poderoso de la democracia y el periodismo de rigor. Y si tanto quieren acabarla es porque es muy grande. ¡Viva la libertad de expresión!

 

ESPECIAL PERIODÍSTICO SOBRE LIBERTAD DE PRENSA Y SEGURIDAD EN AMÉRICA LATINA 

América Latina y el Caribe atraviesan desafíos de seguridad cada vez más críticos, desde el afianzamiento de la criminalidad organizada y el regreso de los militares a la política, hasta la continuidad de la violencia de género que afecta a mujeres y expresiones de género disidentes de todo el continente.

La violencia y la inseguridad son el combustible de nuevas formas autoritarias de ejercer el poder en todas las parcelas del espectro político. De la mano de Bukele y AMLO, las políticas de mano dura y los militares tienen una popularidad renovada y aupada por los algoritmos de las redes sociales.

Si a esto sumamos la desconfianza en los medios, que ya es de larga data en la región, tenemos como resultado una atmósfera de hostilidad que amenaza a periodistas y medios.

Entretanto, la región también experimenta un boom de medios independientes, alternativos y comunitarios que encuentran formas audaces de narrar contextos problemáticos a través de sus visos de complejidad y resistencia. 

Por eso hicimos este especial periodístico sobre LIBERTAD DE PRENSA Y SEGURIDAD EN AMÉRICA LATINA convocado por FES Comunicación y la Red de Seguridad Incluyente de la Friedrich-Ebert-Stiftung, nos interesa explorar los diversos contextos que surgen de las relaciones tensas entre los poderes oficiales, los poderes criminales, las comunidades locales y los medios y periodistas. Los textos que forman parte de este especial permiten poner en evidencia la agudización de la violencia en la región y sus impactos en la vulneración de la libertad de expresión y el derecho a la información. Esperamos que ayuden a entender cómo se viven los contextos de inseguridad y violencia, cómo funcionan las políticas de seguridad de corte autoritario y cómo se resiste allí desde el periodismo. Medios y periodistas “informan” bajo amenaza a causa de las estrategias de seguridad de los gobiernos; medios y periodistas “trabajan” bajo amenaza porque trabajan en contextos de alta inseguridad y violencia; medios y periodistas “la pasan mal” y están amenazados porque investigan temas de seguridad, fuerzas armadas, crimen organizado, conflictos armados e inseguridad pública.

En medio de todo, los y las periodistas que tienen esa pasión por informar y ejercer la libertad de expresión han construido estrategias de cuidado colectivo que les permiten desenvolverse en estos contextos hostiles, porque como dicen por ahí: “no nos va a callar”.

Lo perverso es cómo el poder llámese políticos, empresarios, gobernantes, criminales, narcos o cualquiera a quien no le guste lo que el periodista informa ha desarrollado mecanismos espeluznantes contra la libertad de expresión y la seguridad del periodista. 

Leyendo los textos de este especial podemos aprender que….

HONDURAS aporta que cuando los periodistas y defensores de derechos humanos o territoriales se meten con los dueños del país, primero se les amenaza con el “No digas nada. Si hablas, te va a ir muy mal”. Los modos de silenciar son cada vez más y más: meter miedo, comprar con dinero, ataques de odio y miedo en las redes digitales, llamadas de números desconocidos, persecuciones, vídeos y fotos espeluznantes a los teléfonos del perseguido, ataques a la familia, difamación… exilio o asesinato.

GUATEMALA aporta un sistema político judicial que determina el periodismo bueno (el amigo) y el malo (el que critica). Esto ha llevado a que sea común el uso del lenguaje militarista en la justicia, la política y la sociedad. La justicia se usa como arma de ataque y la democracia como la producción de inseguridad ciudadana.  Se suma la persecución a los derechos y a la diversidad. Y todo lo que no guste a los dueños de poder se le llama terrorista. Por el ejercicio del periodismo hay desprecio. Se quiere desaparecer al periodismo. Se persigue la libertad de expresión. Se logra que los periodistas y jueces independientes tengan que huir al extranjero.Los periodistas son terroristas por denunciar la corrupción (de los políticos), el atentado contra los derechos humanos (de los militares) y la verdad de dioses (de la justicia)”, dice el texto.  El enemigo antes era el pueblo y los indígenas, ahora son los periodistas, los defensores de derechos humanos y la gente que sale a las calles. 

NICARAGUA aporta el cinismo mayor ya que al periodismo libre se le confisca, mete a la cárcel, expulsa de país y quita la nacionalidad. Y si los periodistas son terroristas, es que la realidad de la gente es terrorista porque de esa realidad es que se informa. Los delitos con los que se juzga la libertad de expresión y el periodismo son contra la patria, dios y la pareja gobernante. El menú de censura y persecución es el mismo de la región: Adjetivar y amedrentar periodistas, meterles miedo, judicializarlos, hacerlos huir y expropiarlos. El menú de delitos incluye usar la bandera en la calle, juntarse en calle y parques, apoyar a la miss universo, hacer el ritual del 7 de diciembre. Más del 60% de periodistas han sido literalmente borrados de ser nicaragüenses.

VENEZUELA aporta desde hace tiempo que hay una persecución del aparato estatal a críticos, periodistas, activistas; violencia política de los que trabajan militando en el gobierno; leyes mordaza; judicialización, militarización. Y en este país, los periodistas resisten y crean experiencias inéditas como el Bus TV que busca las interacciones cara a cara, la risa, el aplauso, el silencio, el grito, la alegría. Los periodistas venezolanos rompen el miedo yendo a la calle y poniendo el cuerpo para informar. Y todo porque aman al periodismo. Pero para ejercerlo, los periodistas deben crear manuales de seguridad personal.

COLOMBIA aporta que la seguridad oficial aporta inseguridad, que el estado y los privados están contra comunidades, que hay que censurarse para vivir. Y que por eso, se ha llegado a la normalización de la violencia en el ejercicio periodístico y de comunicación. Pero hay prácticas de libertad como la de los indígenas que hacen contra-periodismo desde el territorio desde el tejer comunitario, la organización cultural, la sabiduría propia y la lucha política. Sus tácticas son los tejidos, los palos, los celulares y el contra-periodismo para luchar por la libertad de expresión.