Poner el cuerpo para informar

En contextos abiertamente hostiles para la libertad de expresión como el venezolano, informar cara a cara puede ser una manera de saltar las barreras de la desconexión, la desconfianza hacia las noticias y la censura. En El Bus TV, los reporteros ponen el cuerpo para dar las noticias e informar de a una persona a la vez, a escala humana, una modalidad que de alguna manera también se vuelve un escudo ante las amenazas que rodean al oficio periodístico. Estos reporteros huyen de los algoritmos y los clics porque miran directamente a los ojos de sus audiencias.
Dime a quién reprimís y te diré quién eres

Hacer periodismo en la Nicaragua de hoy es atentar contra la “Patria”. ¿Qué pasa con quienes hoy intentan seguir en el oficio? ¿Cómo resiste la libertad de expresión? ¿Aún hay esperanza?
Los “malos periodistas”: el nuevo enemigo interno

Hay una serie de fiscales, jueces y otros actores señalados de corruptos que están convencidos de que hay un buen y un mal periodismo en Guatemala. Un periodismo «de verdad», que hay que financiar, y un periodismo “activista”, un mal periodismo, que hay que eliminar. Las reglas para identificar a uno u otro no están del todo definidas, pero sí hay dos cosas claras: quien investigue o haga ver los abusos de un Estado cooptado, está en el grupo de malos periodistas. Y quien esté en esa lista negra tendrá todo el peso del status quo encima. Hacer periodismo supone convertirse en el nuevo enemigo interno en Guatemala e implica tener un sistema de justicia y político en su contra. Entonces, ¿por qué tenemos la certeza de que debemos seguir haciéndolo?
Los modos de asesinar a la libertad de expresión

Una mordaza impide que en muchos casos el periodismo hondureño diga la verdad sobre empresarios, políticos, líderes religiosos, dueños de la tierra y otros grupos de poder. ¿Basta esta estrategia de los poderosos para callar a los periodistas críticos e independientes en Honduras?
Tejer la palabra y esquivar las balas: el (contra)periodismo indígena en el Cauca

En el suroccidente colombiano se forja otro tipo de periodismo, uno que se reconoce como ‘comunicación’ y que se fragua en una de las zonas más álgidas del conflicto armado en el país. Un (contra)periodismo que la comunidad indígena Nasa del norte del Cauca defiende y sostiene como el canal de protección de su identidad, de sus mandatos políticos y espirituales y de su proyecto de vida.
¡Viva el periodismo!

Pareciese que no hay mucho que celebrar en el periodismo: los periodistas son “enemigos” e “indeseables” públicos y todo porque, tercamente y poniendo en peligro sus vidas, practican irrestrictamente la libertad de expresión. Lo odian los políticos, lo usan los empresarios, lo persiguen los corruptos, lo increpan los manifestantes… Criticar y hacer diatriba contra el […]